Recuerdo perfectamente (y es que ha pasado tan solo un año y medio) cuando mi amigo Noel, al que hacía tiempo que no veía y al que me encontré un buen día en la calle, me dio un consejo acerca de algo muy concreto hablando de todo un poco: «cuando le quitéis el pañal a Lorenzo, no insistáis si veis que no está por la labor. Un buen día lo hará y será bien fácil».

 

Entonces Lorenzo tenía algo menos de un año y quedaba aún lejana la emocionante operación pañal. Y justo ahora, a mediados de junio de 2020 nos encontramos inmersos en ella, a los 2 años y 4 meses. El caso es que durante este tiempo he pensado en lo que me dijo bastantes veces. Y tenía más razón que un santo. Claro, él pasó por lo mismo poco tiempo antes con su hija y sabía perfectamente de lo que me estaba hablando.

Operación pañal y orinal

He de confesar que aunque tenía el consejo siempre en mente, me ha costado interiorizarlo. No han sido pocas las veces en los últimos dos meses, aprovechando el tiempo que me brindaba el confinamiento, en las que he intentado forzar la situación (sin éxito, iluso de mí) haciendo las veces de la Inspectora Sierra en un interrogatorio de cambiador:

  • «Lorenzo, ¿ves? si en vez de hacer caca en el pañal me lo hubieras avisado, podríamos haber ido al orinal, hacer caca y decirle adiós y no tendríamos que estar aquí en el cambiador, con lo poco que te gusta, perdiendo tu valioso tiempo para jugar… con lo torpe que soy y lo leeeento que voy aquí cambiándote…»

Y Lorenzo mirándome como:

  • «No sé de qué me estás hablando, las ironías y dobles sentidos aún no los capto (pero tendré que hacerlo más pronto que tarde en esta familia) y voy a seguir haciéndome caca en el pañal hasta que me dé por ahí, como decía Bart Simpson».

Y sí, es que a los niños, como a los mayores, de repente se les enciende un resorte o hacen una conexión mental y ¡zas!, cambian el chip y adquieren nuevas habilidades, como en los videojuegos. Solo que algunas veces, por más que lo intentes no está en tu mano que digievolucionen al ritmo que a ti te gustaría. ¡Si ya lo sabía Noel!

Han pasado dos orinales (con volante y sin volante. Os recomiendo sin volante porque se pueden bajar los pantalones y pueden sentarse) y un adaptador de taza por esta transición. Y al final el milagro ha sucedido cuando el bueno de Lorenzo ha querido probar y sentarse (en el adaptador de wc), sin demasiadas insistencias por nuestra parte. Y ahora lleva la cuenta. Cinco veces ha hecho pis en el wc en dos días y hoy acaba de decir que mañana ya serán seis. Y toda la razón tiene. Así que el tío sabe llevar esa cuenta perfectamente pero no estaba preparado para hacer pipí en el orinal. ¡Así somos!

Os voy a confesar que el siguiente gran hito es oírle decir «pan» cuando en realidad dice «ma». Estoy realmente expectante por ver cuándo se produce esa conexión mental que por el momento le permite decir perfectamente «papá» o cualquier otra palabra con la sílaba «pa», pero le impide decir correctamente esta sílaba si acaba en una consonante. Así, «pan» es «ma» y «Chon» es «no». Pero el tío te dice «intento dormir en el carrito» con retintín sin rechistar, con todas las letras. Apasionante, ¿no?

Esto de ser padre es un descubrimiento diario y además es bastante divertido, incluso en la operación pañal. Y sí, las cosas llegan cuando tienen que llegar. ¿Acaso es tan difícil de entender, Dani? 🙂

¿Cómo va la operación pañal en vuestras casas? ¿Algún consejo para esta bella y preciosa etapa? (¿veis lo que os digo de las ironías y dobles sentidos? ¡Pobre crío!)