Empiezo este post con la respuesta a la pregunta: Sí, es posible no reconocer las contracciones del parto. ¿Por qué lo sé? ¡Porque me pasó a mí! El día del nacimiento de mi hijo no identifiqué los dolores de parto y me planté en el hospital sin avisar a nadie y alegando síntomas de gastroenteritis. ¡Toda una aventura! Os la cuento a continuación.

Uno de los temas que más me daba que pensar durante el embarazo, era el momento en el que me pondría de parto. Cuándo sería, si estaría sola, en casa o en la calle y si sería capaz de esperar el tiempo que recomiendan estar en casa antes de acudir al hospital sin pasar demasiados nervios.

Sin embargo, nunca me planteé si sería posible no reconocer las contracciones del parto. Fui una alumna aplicada: acudí a dos grupos de preparación al parto diferentes, consultaba todas las dudas con mi gine o con la matrona, leí mucha información y lo hablé con amigas mamás. Por tanto, creía tener este tema dominado y que llegado el momento iba a ser capaz de reconocer, sin ninguna duda, que estaba de parto.

Pero, como os he contado en la introducción, lo que finalmente pasó fue que no reconocí las contracciones de mi parto. Según he ido sabiendo después, somos pocas las mujeres a las que nos pasa esto, pero a veces, pasa.

Me apetece contar en este blog el relato de mi parto. Me encanta recordarlo, como creo que nos pasa a muchas. Pero también me doy cuenta, cuando visito otros blogs, que me gusta mucho saber cómo fueron los partos de otras mujeres. Y en este caso, además, tal vez puedo ayudar a alguna mujer que ahora mismo está leyendo esto con retortijones y dudando de si puede estar de parto.

Ir a dar a luz sin reconocer las contracciones del parto

Unos retortijones muy familiares

El día antes de dar a luz, un sábado a media mañana, noté un par de dolores fuertes en la parte baja de la espalda y del vientre, iguales a cuando estás con las tripas revueltas. Estaba embarazada de 39 semanas y 4 días. Los dolores venían acompañados de descomposición, por lo que no les dí mayor importancia. Pasé el resto del día bien, hasta media tarde. Otra vez volvieron esos retortijones, acompañados de visitas al baño. Me dolía bastante la tripa, pero lo achaqué totalmente a un tema gastrointestinal. ¡El dolor era exactamente el mismo! Y yo estaba convencida de que los dolores de parto serían un tipo de dolor diferente.

Esa noche venían amigos a cenar a casa para celebrar mi cumpleaños y tuvo que encargarse Dani de preparar la cena, pues estuve una hora sin poder salir del baño. Sin embargo, al final se me pasó, coincidiendo con cuando llegaron los amigos a casa. Así pues, cené con normalidad la cena mexicana que Dani había cocinado y estuvimos hasta altas horas jugando a juegos de mesa.

A la mañana siguiente…

El domingo, me desperté encontrándome bien. Cuando llevaba un par de horas levantada, volvieron los dolores del día anterior. Nuevamente, acompañados de descomposición. Y nuevamente, no les di mayor importancia. En mi cabeza resonaban las palabras de la preparadora de una de las clases preparto: “Las contracciones duelen en la parte superior de la tripa, para empujar al niño hacia abajo. Si dolieran abajo, el niño se saldría por la boca”. Así, literal. A mí me dolía abajo. Además, los dolores tampoco coincidían en el tiempo con endurecimiento de la tripa. Así pues, sería algo intestinal, ¡estaba claro!

No reconocer las contracciones del parto: mi experiencia

Coincidió que cuando estaba en el baño, una amiga me preguntó en un grupo de Whatsapp de amigas que qué tal iba con la recta final del embarazo. Les conté lo de mis tripas.

Otra amiga, cuya madre es matrona, me llamó para comentarme si quería hacerle alguna consulta a su madre. Y le dije: “Bueno, quizá estaría bien saber si una gastroenteritis a estas alturas del embarazo es motivo suficiente para acudir a urgencias”. Su respuesta fue que sí, que mejor fuéramos, simplemente para que comprobaran que ni el bebé ni yo nos estábamos deshidratando. Pero que no me preocupara, que en toda su carrera sólo se había encontrado con una mujer a la que había visto no reconocer las contracciones del parto. Pues bien… ¡aquí está la segunda!

Y nos plantamos en el hospital

Así que, siguiendo su consejo, cogimos un taxi al hospital. Yo quería ir andando, pero apenas podía caminar 5 minutos sin tener que ir al baño. “La verdad es que nunca me había dolido la tripa tan fuerte…” pensaba. “A quién se le ocurre cenar mexicano teniendo gastroenteritis”, decía Dani. Como muestra de que para nada pasaba por nuestra cabeza que podía estar de parto, fuimos al hospital sin nada: sin mi bolsa ni la del bebé, sin papeles, sin avisar a nuestros padres ni a la matrona… ¡si sólo íbamos por si acaso!

Una vez en el urgencias, expliqué en triaje mis dolores y también les cuadró todo. ¡Durante casi una hora me atendieron como gastroenteritis! Me sacaron sangre, me prepararon un box tranquilo para ponerme un gotero de suero, me pusieron una vía, me auscultaron las tripas… Incluso insinuaron que, estando tan embarazada, quizá me dejaban ingresada. Pero entonces, al médico que me auscultaba empezó a no cuadrarle el poco ruido que hacían mis tripas para el dolor que tenía. Yo entonces también estaba empezando a darme cuenta: los retortijones eran periódicos.

Y por fortuna, este médico decidió que mejor me viera primero la ginecóloga de urgencias, “solo para comprobar que todo está bien”. Me llevaron en silla de ruedas, y mientras me subían en el ascensor, yo empezaba a tener alguna sospecha de que podía estar de parto.

Médico de urgencias parto

Estás de parto… y con más de medio trabajo hecho

Conforme iba relatando todos mis síntomas a la ginecóloga de guardia, más leía en su cara que estaba de parto y no había reconocido las contracciones. Todo, absolutamente todo, le cuadraba. Hasta el hecho de que se hubieran detenido durante la noche.

Pasamos a la camilla de exploración y entonces, su confirmación: “Estás dilatada 5 centímetros, con el cuello del útero totalmente borrado y la bolsa está a puntísimo de romperse”. Dani y yo alucinamos. Como he dicho antes, yo empezaba a sospechar que podía estar de parto, pero para nada me imaginaba que pudiera estar tan avanzado.

Lo que vino después fue un “volar” de todo el mundo. Debería haber avisado a mi matrona antes de acudir al hospital y obviamente no lo hice. La gine de guardia avisó a todos: anestesista, matrona, ginecólogo… y volaron, en menos de media hora los tenía a todos allí y estaban preparándome la (bendita) epidural. Nuestros padres también volaron a coger todos los papeles y las bolsas que habíamos dejado en casa. Mientras llegaban, la ginecóloga de guardia me atendió también de cine.

Eso sí, fue saber que estaba de parto y empezarme a doler las contracciones muchísimo más. ¡Pero cómo era posible no haber reconocido las contracciones del parto! Ese momento coincidió también con la rotura de la bolsa, y dicen que una vez has roto aguas las contracciones duelen más. Tal vez tuvo algo que ver.

Pies de bebe recien nacido

Un desenlace bastante rápido

A partir de ahí, todo continuó muy rápido. Una hora después había dilatado del todo. Tuve que esperar un rato tumbada de lado porque el bebé estaba muy alto y tenía que bajar un poco más. A la media hora me pasaron al paritorio y tras 20 minutos de pujos teníamos a Lorenzo en brazos. En total, habían pasado 3 horas y cuarto desde que hice el trámite de admisión en urgencias. Que entre triaje, urgencias varias, anestesistas y demás, lo cierto es que pasaron súper rápido y estuve de lo más entretenida.

A veces pienso en qué habría pasado si la tarde del sábado hubiera reconocido las contracciones y hubiéramos acudido a urgencias. ¿Se habrían detenido igualmente las contracciones si me hubieran puesto oxitocina? ¿Habría ido todo tan rápido? ¿O estaría hablando de un parto largo de casi 24 horas? Nunca lo sabremos, pero lo cierto es que no cambiaría nada del día de mi parto de Lorenzo.

Así que al final, me evité esas horas de espera hasta que las contracciones fueran lo suficientemente regulares como para acudir al hospital. La espera la viví, pero al no reconocer las contracciones del parto… los nervios me los ahorré.

Y tú, ¿cómo viviste el día del parto? ¿Sabías que es posible no reconocer las contracciones del parto? ¿Conoces a alguien a quien le haya pasado?