El aborto espontáneo es una pérdida involuntaria del embarazo en las primeras 20 semanas. A pesar de lo frecuentes que son, es habitual sentirse perdida y con poca información cuando sufres uno. A continuación cuento mi experiencia con este tipo de abortos, para que sirva de ayuda a quien esté pasando por esta situación.

A priori puede resultar chocante estrenar una sección sobre Embarazo hablando de las pérdidas del mismo. Pero, posiblemente, los abortos espontáneos son las experiencias que más han marcado mis embarazos. El primero y el tercero, obviamente, porque fue lo que les puso fin. Y el segundo, el embarazo que nos trajo a nuestro Lorenzo, también estuvo marcado por la sombra del aborto previo (os lo contaré en otro post).

Los abortos espontáneos son muy comunes, sin embargo, pocas mujeres hablan (hablamos) de ellos. Aunque cada vez se dan más a conocer, creo que sigue siendo un tema bastante tabú en la sociedad. En mi opinión, es necesario visualizarlos, para que sirva de ayuda a mujeres que los sufran en el futuro.

Sin embargo, también comprendo que hay muchas mujeres que prefieren no hablar de ello, ya que no quieren revivir el dolor que les causa. Por tanto, escribo esto únicamente desde mi experiencia. Antetodo, cada una debe hacer aquello que mejor le haga sentir. En mi caso, voy a optar por visibilizar los míos también por aquí, para tratar de ayudaros a quienes lleguéis buscando información sobre este tema.

La importancia de visibilizar el aborto espontáneo

Un par de meses antes de quedarme embarazada de Lorenzo, tuve un embarazo que acabó repentinamente por un aborto espontáneo. Hasta ese momento, era un tema totalmente desconocido para mí. Sabía que existían, pero siempre piensas que es algo que no te va a pasar a ti. Al comenzar a buscar información y leer sobre el tema, me sorprendió lo habitual que es. Se cree que hasta un 50% de los embarazos terminan en aborto, y que 1 de cada 3 mujeres que quieran ser madres sufrirán alguno.

En mi caso, lo que más me ha ayudado siempre ha sido compartirlo con personas cercanas y hablarlo con naturalidad en todo momento. En primer lugar, es la mejor forma que he encontrado de digerirlo y sobrellevarlo. En segundo lugar, también me parece importante que si a alguna mujer cercana (o lectora de este blog) le sucede en futuro sepa cuál fue mi experiencia y que puede acudir a mí para desahogarse y preguntarme lo que necesite.

Por otra parte, cuando tuve mi primer aborto, lo único que quería era conocer eran historias como la mía pero con final feliz. Es decir, lo que más me animaba era leer testimonios de mujeres que habían tenido embarazos a término después de sufrir algún aborto anterior. Pues bien, mi final feliz se llama Lorenzo y tiene ya dos años. Así que espero que, si estás en la situación en la que estaba yo entonces, leer esto te ayude a llenarte de esperanza para el futuro. Mucho ánimo, seguro que pronto esto será cosa del pasado y tendrás a tu bebé arco iris contigo 🙂

Arco iris en paisaje

¿Qué es un aborto espontáneo?

El aborto espontáneo es una pérdida natural de un embarazo que sucede antes de la semana 20. Son más habituales en el primer trimestre del embarazo, y sobretodo en las 8 primeras semanas. La causa no suele llegar a conocerse, pero la mayoría de las veces se producen por fallos cromosómicos del embrión, fruto del azar. Cuando se producen abortos de repetición, sí suelen realizar algunos estudios para tratar de encontrar alguna posible causa.

¿Cómo han sido los míos?

Hasta la fecha he sufrido dos abortos espontáneos, en etapas bastante tempranas de mis embarazos.

El primero fue en 2017. Acababa de cumplir los 33 años y estaba embarazada de casi 6 semanas. Durante 3 días tuve unos manchados muy, muy ligeros que me hicieron acudir a urgencias. Allí, no se veía nada en la ecografía y un análisis de sangre confirmó que la hormona GCH estaba en valores bajísimos. No tuve que hacer nada más, ya que esa misma noche mi cuerpo comenzó a expulsar naturalmente todos los restos del embarazo. Fueron unos días de bastantes dolores menstruales, mucha tristeza y las hormonas muy revueltas.

El segundo fue hace solo un par de meses, en enero de 2020. Estaba embarazada de 9 semanas. En esta ocasión ya habíamos visto al embrión y su latido en la semana 6, por lo que, a pesar de la sombra del aborto de 2017, estaba empezando a dejar atrás los miedos. Sin embargo, en la semana 8 empecé a manchar y acudí a mi ginecólogo, pero vimos que el corazón del embrión seguía latiendo. En cambio, una semana después volví a revisión y el latido se había detenido.

En esta ocasión, al estar el embarazo más avanzado y ser un aborto retenido, me recomendó un legrado, que acepté y me practicaron dos días después. A nivel físico fue más sencillo, no tuve ningún dolor y al día siguiente me encontraba bien, aunque sí pasé nervios por la intervención. A nivel emocional, diría que fue más duro que el anterior, por haberlo visto ya latir y estar el embarazo más desarrollado. No obstante, tener a Lorenzo en nuestra vida también ayudó mucho a sobrellevarlo.

¿Cómo fue la recuperación?

A nivel físico, la recuperación de los dos abortos fue muy rápida. El primero fue como una regla más abundante; el segundo, ni eso. No tuve ningún dolor tras el legrado y casi ningún sangrado. En ambos casos, a los 28 días exactos volví a a tener la regla y mis ciclos estaban regulados. Alucino con cómo funciona el cuerpo y lo que hace la naturaleza.

En cuanto al nivel emocional, las recuperaciones me llevaron un poquito más de tiempo. Por habituales que sean, es un palo muy gordo. Es un proyecto de vida que se para de repente, sin que sepas bien por qué y con la incertidumbre de cuándo volverá el embarazo, y si lo hará. Creo que este dolor no es comparable con perder un embarazo en etapas más avanzadas (no me lo puedo ni imaginar), pero aún así,  se necesita un tiempo para llorarlo, hablarlo y digerirlo.

Recuperación emocional aborto espontáneo

La importancia de un buen profesional

He leído historias terribles de mujeres que se enfrentan a esta situación tan dura emocional y físicamente con la mala suerte de dar con personal muy poco empático o que no les da grandes explicaciones.

En mi caso, he tenido muchísima suerte en ambas ocasiones. En el primer caso, el ginecólogo al que acudí a consulta tras el diagnóstico de urgencias tuvo conmigo un trato impecable. Se tomó muchísimo tiempo en explicarme con detalle qué me había ocurrido, por qué sucedían los abortos, resolvió mis dudas, me animó… salí de ahí viendo el aborto que había tenido de otra manera; entré a la consulta todavía hundida y salí hasta animada. Creo que casi hizo más el papel de psicólogo que de ginecólogo.

El segundo caso, no sucedió en urgencias sino con el que es mi ginecólogo habitual desde mitad el embarazo de Lorenzo. Que te de la mala noticia una persona conocida ayuda mucho, y más cuando se trata de un profesional empático y cercano. Que fuera él mismo quien me iba a realizar el legrado también me tranquilizó mucho.

Nuestro final feliz

Sin duda, lo que más me ayudó a superar el primer aborto espontáneo fue que en el primer ciclo tras éste me quedé de nuevo embarazada. El duelo pasó pronto, aunque con el positivo en el test de embarazo, aparecieron de nuevo todos los miedos e inseguridades. Las primeras semanas fueron de mucha incertidumbre, de no quererme ilusionar y contar los días y las horas hasta la siguiente visita médica. Sin embargo, el embarazo transcurrió de maravilla, sin ningún incidente, ni susto, ni visita a urgencias, y 9 meses después teníamos con nosotros a nuestro hijo.

En el segundo caso, los plazos están llevando un poquito más de tiempo por lo que las buenas noticias tardarán algo más. Pero estoy deseando poder editar en algún momento del futuro este post para añadirle otro final feliz.

Y este es el resumen de mis experiencias con los abortos hasta la fecha (aunque espero no tener más…) Ojalá te haya servido de ayuda si estás pasando ahora por un aborto espontáneo y has llegado aquí buscando otros testimonios. Y si necesitas hablar conmigo sobre este tema, ¡aquí me tienes!